Y se quedó muda, después de tanto tiempo hablando sin que nadie la oyera. Sus palabras hacían demasiado ruido para ser escuchadas, pues su voz se apagaba lentamente tras cada suspiro y ella sin pensarlo también lo hacía.
Sin labios para expresar todo lo que ella quería se dejo llevar. Permitió que su mente sobrevolara horizontes y montañas, imaginando un mundo lleno de sonrisas que nunca acaban. Queriendo explorar al máximo cada instante, cada segundo...
Sus pies notaba la arena fría entre sus dedos, y sus manos calientes por el sol de mediodía dejaban entrever esa perfecta piel que la dibuja. Llena de lunares y lugares escondidos, con su aroma tan sumamente peculiar que es imposible imitarla. Con tanto temple miraba al mar, que simplemente se quedó muda.
Lara Marza