La verdad es que hay veces que me cuesta aceptar cosas que son tremendamente evidentes. Y no por el hecho de ser orgullosa, ni mucho menos. Aunque lo sea, es complicado de explicar.
Sin querer un día pensaste que jamás encontrarías a alguien, que todo el mundo te lastimaría, que el amor de verdad no existía, que solo era cuestión de sexo, que todo se podía controlar... Y así hasta el infinito y más allá. Empiezas a reflexionar de donde vienes y no ves el camino claro, de hecho lo ves todo oscuro, sin futuro ni presente y a veces ni pasado, por no querer recordarlo. Pasaban los días y la cabeza te estallaba, pasaban las horas y yo solo tenía ganas de dormir, dormir y dormir. Los días de verano eran cortos para mi, pues no quería que pasará otra cosa que no fuera el tiempo. Quería curarme.
No es que se pase bien intentando reconstruir- TE. Sí, a ti mismo. La verdad que es como ver que un granito de arena es toda una montaña y no sabes muy bien por donde empezar. Pero aunque parezca mentira, todo pasa.
Todo pasa, los pensamientos van desvaneciéndose poco a poco, día a día. Empiezas a brillar y a crear tu nueva coraza, porque aún hay duelo... digo duele. Y yo también cree mi coraza, la que me protegía. Me había propuesto cosas tan sencillas como no aferrarme ni a nada, ni tampoco a nadie. También cumplir retos atrasados, vivir al limite, salir, reír hasta más no poder y de igual manera llorar. Ver un amanecer o dormir en la playa, enseñar mi cuerpo y ponerme algo que jamás hubiera dicho que me pondría, ser muy descarada y no tener miedo a nada. Todas esas cosas junto a muchas más me propuse.
Pero lo que yo no sabía es que yo iba a cumplirlas y además no iba a cambiar ni un solo milímetro de mi. Parece extraño pero es así, y ahora me doy cuenta, he hecho todo lo que me propuse, he cumplido sueños, metas, he viajado, he reído, vivido, follado, comido, escuchado, mirado, nadado... pero lo que no he hecho es dejar de ser quien soy. Aún con el alma herida, he sabido crecer y recomponerme, ver las cosas y personas que nunca había visto. Hubo momentos en los que de verdad pensé que iba apagando y jamás podría sentir nada por nadie, pero, gracias vida.
Gracias por darme regalos día tras día y por hacer que mi ser nunca cambie, pero siempre desvaríe. Y aunque mi voz diga totalmente lo contrario debo admitir que soy una romántica empedernida.
Romántica de esas que le gustan los besos inesperados, las llamadas "sin ton ni son", los abrazos que traspasan fronteras, las miradas furtivas y los regalos a escondidas. Soy de esas que se emociona cuando habla de sentimientos, que escribir/decir te quiero supone un reto, y que no hacerlo también. De las que no puede evitar rozar tu mano para comprobar que eres tú quién esta ahí y de las que se pierde en tu mirada, cuando no la ves. Sí, de esas.
Lara Marza