miércoles, 25 de abril de 2018

Sí, de esas.

La verdad es que hay veces que me cuesta aceptar cosas que son tremendamente evidentes. Y no por el hecho de ser orgullosa, ni mucho menos. Aunque lo sea, es complicado de explicar.

Sin querer un día pensaste que jamás encontrarías a alguien, que todo el mundo te lastimaría, que el amor de verdad no existía, que solo era cuestión de sexo, que todo se podía controlar... Y así hasta el infinito y más allá. Empiezas a reflexionar de donde vienes y no ves el camino claro, de hecho lo ves todo oscuro, sin futuro ni presente y a veces ni pasado, por no querer recordarlo. Pasaban los días y la cabeza te estallaba, pasaban las horas y yo solo tenía ganas de dormir, dormir y dormir. Los días de verano eran cortos para mi, pues no quería que pasará otra cosa que no fuera el tiempo. Quería curarme.

No es que se pase bien intentando reconstruir- TE. Sí, a ti mismo. La verdad que es como ver que un granito de arena es toda una montaña y no sabes muy bien por donde empezar. Pero aunque parezca mentira, todo pasa.

Todo pasa, los pensamientos van desvaneciéndose poco a poco, día a día. Empiezas a brillar y a crear tu nueva coraza, porque aún hay duelo... digo duele. Y yo también cree mi coraza, la que me protegía. Me había propuesto cosas tan sencillas como no aferrarme ni a nada, ni tampoco a nadie. También cumplir retos atrasados, vivir al limite, salir, reír hasta más no poder y de igual manera llorar. Ver un amanecer o dormir en la playa, enseñar mi cuerpo y ponerme algo que jamás hubiera dicho que me pondría, ser muy descarada y no tener miedo a nada. Todas esas cosas junto a muchas más me propuse.

Pero lo que yo no sabía es que yo iba a cumplirlas y además no iba a cambiar ni un solo milímetro de mi. Parece extraño pero es así, y ahora me doy cuenta, he hecho todo lo que me propuse, he cumplido sueños, metas, he viajado, he reído, vivido, follado, comido, escuchado, mirado, nadado... pero lo que no he hecho es dejar de ser quien soy. Aún con el alma herida, he sabido crecer y recomponerme, ver las cosas y personas que nunca había visto. Hubo momentos en los que de verdad pensé que iba apagando y jamás podría sentir nada por nadie, pero, gracias vida.

Gracias por darme regalos día tras día y por hacer que mi ser nunca cambie, pero siempre desvaríe. Y aunque mi voz diga totalmente lo contrario debo admitir que soy una romántica empedernida.

Romántica de esas que le gustan los besos inesperados, las llamadas "sin ton ni son", los abrazos que traspasan fronteras, las miradas furtivas y los regalos a escondidas. Soy de esas que se emociona cuando habla de sentimientos, que escribir/decir  te quiero supone un reto, y que no hacerlo también. De las que no puede evitar rozar tu mano para comprobar que eres tú quién esta ahí y de las que se pierde en tu mirada, cuando no la ves. Sí, de esas.

Lara Marza

miércoles, 11 de abril de 2018

Una estrella

Os prometo que he tenido días mejores, de verdad y peores también pero no sé, me siento rara.

No te ha pasado nunca, que te levantas un día y no sabes muy bien porqué, sonríes y sonríes mucho, y te emocionas y no paras de vivir cada instante de tu día. Te agotas y aún así eres capaz de levantar la cabeza y sonreír una vez más. Pues en ese plan estoy.

Simplemente hay sentimientos que me abruman y hacen que mi alma se llene de miedo y otra veces me dan el empujón que necesito para seguir corriendo. ¿Corriendo hacia donde? Hacia ninguna parte y hacia todos lados, corriendo sin mirar atrás y deseando tocar el futuro, mirando donde piso sin chafar a nadie, avanzando con pasos firmes y otros inestables. Tirándome a la piscina de cabeza, llorando hasta que los ojos se hinchan, riendo hasta que la mandíbula me duele, bailando hasta acabar agotada...porque con esa intensidad lo hago todo. Con la fuerza de mi interior me expreso. Con la sensación de todo o nada, pero nunca a medias. 

Algo a medias es como un camino sin terminar, y aunque haya momentos en la vida que necesitas un "stand by" eso no significa que hayas dejado tu camino, simplemente has cogido un pequeño desvío que te ayuda a poder continuar con el camino principal con más fuerza y energía. Recuerda que no siempre hay porque ir en linea recta, muchas veces las curvas no son ni el camino más sencillo ni el más rápido pero si el que más vale la pena. Y yo creo que me he dedicado a coger todos los desvíos que he encontrado, absolutamente todos, porque parece que "lo mío" no llega nunca. 

Pensamientos desesperados salen a la luz y los más corrientes se esconden, pues no me atrevo a decir con palabras todo lo que pasa por mi cabeza, porque sin querer he aprendido a callarme, a que no siempre tengo que hablar y a que no todo el mundo responde como yo lo haría, por suerte o por desgracia, le doy mil gracias a la vida, por ponerme obstáculos. Y quiero más, que aunque esté rendida y sin fuerzas, brillaré... te enteras? Brillaré, quizás tarde días, meses, años...el tiempo no me importa, solo quiero superar cada instante y brillar más alto, más arriba... como una estrella tal vez fugaz, pero una estrella.

Lara Marza