Su piel, como todas imperfecta. Aunque esas imperfecciones la hacían única. Tan tersa y suave que solo incitaba a tocarla.
Rozar cada milímetro de su piel. Llena de pecas estaba, y yo solo tenía ganas de tocarla, de explorar con detalle cada uno de esos lunares que ella intentaba ocultar. Decía que al natural estaba fea, aunque lo que ella no sabía es que era cuando más me apetecía que fuera ella.
Tan rebelde, tan suya. Con esa sonrisa en la cara, entre vergüenza y sinvergüenza. Con la mirada picarona que no puede evitar poner. Diciendo tonterías a más no poder, tonterías de esas que no tienen sentido alguno pero si ella las dice no hay quién resista sin reír. Su risa pegajosa, que la mayoría de veces parece que se vaya a ahogar de lo a gusto que se ríe.
Como no, así es ella. Intensa, rebelde, fuerte... como su piel.
Lara Marza