Pues mis armas son la palabra. Las palabras que no dejan indiferente a nadie. Aquellas que pronuncias con resplandor y alegría. De las que no puedes escapar estés donde estés, porque te atrapan.
Te hechizan de tal manera que no puedes decir que no, a jugar. El problema es no saber mirar más allá. Y aunque mis pensamientos se ordenen de una manera especial, desde el exterior solo podrás ver desorden. Quizá sea yo quien quiera que veas esto, no?
Mi mirada levanta la cabeza, mis pensamientos se enredan y se persiguen, a su vez se anhelan. Una voz dormida, callada, que no habla, pero dice. Sueña a lo grande y construye poco a poco.
Diversos pensamientos me atacan pero quiero esta vez ser yo la que decide, que puedo hacer y que no. Soy yo la que decide.
Aveces, tenemos que adoptar posturas complicadas... no es que no nos gusten pero para crear la reacción necesaria no dudamos. Y suena mal, lo sé pero es así. Actitud no? Sí, eso es. La actitud con la que enfrentamos las cosas, tanto los problemas como a las personas.
Pero hoy no hay más.