Todo lo podía saber excepto que ocurría dentro de ese caparazón de emociones divididas. Pues su respiración se entrecortaba cada vez que me acercaba, cada vez que mi piel rozaba la suya... Cada mirada desnudaba al que teníamos enfrente, cada palabra desgarraba un trocito de piel.
No era difícil estar sentada cerca, lo difícil era evitar que todo lo anterior ocurriera. De nuevo me sentía sumisa de pensamiento que no entendía, pero a mismo tiempo mi inquietud por ser yo y solo yo quien tuviera el control aumentaba.
Y es que cada día se convertía en una dulce tortura, dulce? Sí, si... dulce. Dulce por miradas que hablaban por si solas, por caricias que escondían mil y un miedos, por palabras que no contaban toda la verdad. Sentía sin querer la necesidad de tener eso ahí, de poder sentir todo lo que pasaba por su cabeza, pues es imposible me dijo alguna vez.
Tan extraño es querer saber que pasa dentro de ti? Que significa que estés pensando y dándole vueltas a una frase? A un momento? A una reacción? Justo eso es lo que quiero saber, porque? Porque es tan complicado descifrar ese tren destinado al fracaso?
La piel se alteraba solo con pensar en sus movimientos, la respiración entrecortada que parecía ahogarle era incluso placentera... No tenía demasiado claro que debía ser bien o ser mal, o simplemente ser.
Casi siempre intentaba encuadrar mis pensamientos pues cada uno de ellos me hacía a la vez subir y bajar.
Su ego, era mi misterio.
Su venganza, mi gratitud.
Su desprecio, mi inspiración.
Su criterio, mi mayor observación.
Cada punzada que me daban era la que me hacía crecer y ser yo. Era la que me cuidaba por las noches y me pedía que fuera mejor. Aquella que no me dejaba pensar en la gente si no en como ser yo.
Pues aún así, tu mirada es mi gran obsesión.
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