El color miel cubría sus ojos, con una mirada tan intensa. Era imposible no pensar que estaba mirando. Con esa faz tan seria al principio, pero con esa sonrisa tonta al final.
Con ese quiero y no puedo, con ese rostro de tener mil y una cosas en la cabeza, pero no saber por donde sacarlas.
Miraba intensamente un día y otro también, no hablaba, solo observaba. Observaba a la perfección como se movía ella, como sonreía, como decía esas tonterías estúpidas, como le devolvía las miradas medio a escondidas, intentando decirse a ella misma que no era posible lo que pasaba por su cabeza.
Así sin más, el roce de su piel blanca como la seda hizo ver que ambos sentían algo, no sabían del todo muy bien el que, pero sentían. Ansiaban estar horas y horas hablando, o simplemente haciendo nada o haciendo de todo, la cuestión era pasar tiempo juntos. Y con pocos días por delante, ellos lo sabían. Tenían demasiado claro que tenia un fin demasiado marcado, aunque lo pensaban repentinamente y al minuto siguiente era como si tuvieran toda la vida por delante.
Mil cosas raras y extrañas pasaban entre ellos, no había limite. Escusas baratas para otros, momentos intensos y rápidos para ellos. Hablaban de hacer cosas, pero con verse tenían más que suficiente.
Pero llegó el día, él se iba. No volverían a tener contacto, no sabrían jamás uno del otro. Y aunque la vida a veces es muy puta, de vez en cuando te manda algún regalo. Como no poder olvidar, esos ojos de color miel.
Lara Marza
Lara Marza
No hay comentarios:
Publicar un comentario